lunes, 22 de abril de 2013

La Víctima


La víctima, como parte de la pareja penal, ha sido el sujeto históricamente relegado institucional y no institucionalmente (socialmente), en el análisis jurídico-político y social, así como en la percepción generalizada ante la comisión de las conductas consideradas como delitos o faltas, y aquellas que sin ser delitos o faltas (tipificados en los cuerpos normativos penales de los Estado-Nación) dañan el tejido estructural de una sociedad políticamente organizada o son reprochadas por la cultura dominante y sus valores, priorizando en el hechor o criminal, perfilándolo, generado sistemas para su readaptación social, ubicándolo dentro de la ejecución de condena en un lugar acorde a su naturaleza doctrinaria y legal, proveyéndolo de mecanismos legales para redimir sus penas, teorizando alternativas para su tratamiento integral, generando debates académicos acerca de sus circunstancias y edificando controles legales para impedir cualquier violación a sus derechos intrínsecos (derechos humanos desde una visión iusnaturalista).

Con la víctima ese avance o ese enfoque no se ha logrado en tan deseable magnitud, por el contrario, si bien se han logrado avances importantes desde el Estado, creado dependencias, mecanismos legales e instituciones que actúan articulando medidas y medios para su atención integral conforme a los nuevos fueros victimológicos de gestión, sopesado éste rumbo por algunas normativas vigentes tanto nacionales como internacionales que se aplican en el mismo sentido otorgándole un papel más activo y vivo a la víctima del delito (verbigracia interviniendo en el proceso penal como sujeto legitimado) y desde la sociedad civil organizada (Organizaciones No Gubernamentales, primordialmente), acuerpándolos y visibilizándolos con enfoques específicos (mujer, niñez, tercera edad, víctimas de guerra, etcétera), aún falta un largo trecho para lograr avances significativos y sólidos en el tema.

A lo anterior se le suma la visión subterránea y de túnel que se le ha otorgado a la víctima, desde una concepción unidimensional y cercada, toda vez que la víctima es concebida en su aspecto meramente jurídico, es decir como el sujeto pasivo sobre quien recayó la acción u omisión típica, antijurídica, culpable y punible (definición de delito según la Teoría General del Delito), sin concebir que el daño tiene repercusiones sobre sus ideas, pensamientos, sentimientos y emociones (sobre su mente, o alma en una visión filosófica-teológica), sobre su cuerpo y en una extrapolación religiosa, en su espíritu, así como, obviando la onda victimal o efecto indirecto de su victimización primaria (verbigracia la afectación de sus familiares, amigos, conocidos, o a aquellos que sin existir un vínculo social o consanguíneo, resultan perjudicados como fruto de un proceso ajeno de victimización, doctrinariamente nombradas víctimas colaterales).

viernes, 19 de abril de 2013

La urgente política criminal en Guatemala


Aún aguardo la esperanza que en algún crepúsculo matinal amaneceremos sobre un suelo atestado de buenos sentimientos

En un país como el nuestro, entiéndase “nuestro” en el sentido menos retórico y más iusinternacionalista posible, ¡urge ya!, diseñar y ejecutar desde la vía institucional, es decir, desde el Estado y sus instituciones dentro de su marco normativo-funcional, un efectivo y eficaz proyecto de Política Criminal, primordialmente preventiva; hago el acuse que este debe ser perfectamente adecuado a nuestra cruenta realidad, es decir, en él se deben asumir con sesudo compromiso actitudes frontales ante el fenómeno del crimen, y esto es función monopólica del Estado pues ostenta el ius imperium, y debe éste estar enmarcado dentro del esquema estructural funcionalista de un Estado Constitucional de Derecho moderno y todavía más, modernizado.

La débil protección de los bienes jurídicos tutelados como la vida e integridad de la persona, cuantificadas estas aseveraciones en las estadísticas de criminalidad y cualificadas en sus efectos perniciosos para la sociedad, han permitido visibilizar y ensanchar varios de los agujeros negros en donde han reposado y se han cultivado-reproducido nuestros (des)comunales caos (que poseen fundamento histórico); la nula o deficiente respuesta gubernamental ante el fenómeno del crimen ha estimulado o desatado una serie de respuestas no institucionales (de parte de la población) con consecuencias por demás infaustas, verbigracia, los linchamientos a granel en distintos lugares de la República, práctica socialmente tolerada y poco a poco calificada de normal, por cotidiana. 

Actos como estos han sacado a flote de modo paroxístico varias de nuestras enfermedades sociales, siendo estas de fácil identificación sintomatológica (pasada, presente y futura), pero de difícil cura, no por el hecho que no haya medicina, sino porque ha campeado el desinterés o la falta de visión en prescribir el tratamiento adecuado y poco a poco cada una de ellas se han ido tornando en epidemias irrefrenables, pues mutadas las cepas todo se agrava.

Estudios han demostrado que las personas linchan pues consideran que es el modo más asequible y legítimo de resarcir y/o castigar al infractor de las normas jurídicas prohibitivas o bien, al autor de actos moralmente reprochables (antropoculturalmente) que son causa directa de este tipo de reacciones deshumanizantes, en manifiesta desconfianza al sistema constituido, que se menoscaba y acelera su trunque.

Ante un fenómeno social como el de los linchamientos, las instituciones legalmente facultadas para actuar dentro del proceso de persecución penal se debilitan grandemente; fenómenos de este talante son indefectibles indicios de deterioro social, misma degeneración que incide magnánimamente en la afectación de la mayoría de los campos de actividad humana de asociación-relación: económico-productivo, económico-intercambio, económico-social, laboral, escolar, intelectual, académico, profesional, etcétera.
Un correcto diseño de política criminal, fabricado acá, no importado, erogaría sumos beneficios para la consecución de la tan anhelada Paz Social; paz que florece de las necesidades materiales satisfechas, del acceso real a los servicios sociales fundamentales, de la igualdad de oportunidades de desarrollo, de un orden social ordenado, valga la redundancia, y de prácticas gubernamentales tendientes al Bien Común que debe verse reflejado en el bienestar individual. Una sociedad pacífica es una sociedad próspera que se catapulta inminentemente hacia el desarrollo.

Breve crimitexto reflexivo y vertical acerca de nuestra labor


De noche o de día
En éste o en otros años venideros
Como lo ha sido en siglos pasados
Sin importar la hora y el lugar
El tiempo y espacio
Los controles formales
Los controles sociales
Los controles morales
Sociales
Religiosos
Amorosos
Y de toda naturaleza
Los Criminólogos y Criminalistas
Apasionados y comprometidos
Con el estudio del fenómeno criminal
Deberemos seguir construyendo nuestras ciencias
Contextualizándolas a los diversos modus operandi
A los nuevos Iter criminis e Inter vicitmaes
A las nacientes motivaciones delincuenciales.
Para seguir contribuyendo
A la paz social
De las naciones y el mundo
Por los siglos de los siglos

viernes, 12 de abril de 2013

INTERPRETACIÓN SIMBÓLICA Y ALEGÓRICA DEL CRIMEN Y EL CRIMINAL (BREVÍSIMO ENSAYO).

“La deducción es el mejor indicio para el investigador criminal”.
“Es imposible ocultar o destruir todos los indicios criminales como es imposible crear un perfecto escenario criminal prefabricado y falso”.

Lic. Mariano Cantoral

El crimen es el acto humano más siniestro que existe, porque a través de él, el ser humano demuestra su innata tendencia al mal (el das Es freudiano), su inconsciente o consiente deseo destrucción, incluso de él mismo. Sin importarle las consecuencias sociales (no hablemos de las legales) que puede acarrear, procura los medios para no sufrir las mismas, reduciendo las probabilidades de su identificación, aunque prevé la posibilidad. Desea salir bien librado. No dejar huellas de que estuvo ahí, ilusamente. Ser invisible en el tiempo-espacio en que ejecuta y consume el iter criminis. Alejarse de lugar de los hechos. Segmentar los lugares (fabricando escenas del crimen secundarias), para enmarañar la investigación. Ocultar el cuerpo del delito y los instrumentos fabricadores de víctimas (armas, etc.). Quiere que el investigador imagine una situación distinta, desea confundir, que se generen hipótesis que no lo incriminen (para lo cual a veces fabrica escenarios, aprovechándose de la capacidad creativa de la razón y lógica humana). Darle rienda suelta a sus deseos y móviles. Dejar su mente invisiblemente adherida en los indicios subyacentes (que por más que oculte y destruya siempre permanecerán), por el principio de intercambio de Edmond Locard. Gozar a posteriori de su obra maligna. Esto puede variar en plazos de sucesión. Así como puede ser media vida previa, 24 horas, dos horas, puede ser un segundo o milésimas de él (crímenes espontáneos).

Lic. José Mariano Cantoral Figueroa
Maestrando en Investigación Criminal
Catedrático Universitario
Facultad de Investigación Criminal y Ciencias Forenses
Universidad de Occidente de Guatemala